Pasan las 10 de la noche, y es hora de
regresar a casa después de un día ocupado. A escasos metros de mi casa hay una
calle en donde se encuentra un bordo (o reductor de velocidad), y esto hace que
los automovilistas no vayan a exceso de velocidad dentro de zonas
habitacionales (colonias, fraccionamientos, etc.). Pero con la sorpresa de que
ese bordo está incompleto, y para los que van manejando se les hace “fácil”
evadir el bordo y no reducir la velocidad del carro.
¿A quién le gusta tener problemas?
Supongo que a nadie. Siempre tratamos de no meternos en problemas, pero
voluntaria o involuntariamente lo logramos. Eso sí, para todo problema hay una solución. Pero ¿Qué pasa si dejamos un
problema sin solucionar? El problema se hace aún más grande, tanto así que no
dan ganas de buscar una solución, y dejamos que se haga más grande (esto se los
digo por experiencia propia).
Siempre dejamos que Dios se encargue de
nuestros problemas, pero también quiere que los enfrentemos. Un claro ejemplo
es la vida de Daniel cuando fue echado al pozo de los leones para que lo
devoraran, pero Daniel no se quedó cruzado de brazos y clamo a Dios, y Él cerró
la boca de los leones para que no se lo comieran (Puede leer el capítulo completo
en la biblia: Daniel 6)
Mateo
7:13-14 (TLA): Es muy fácil andar por el camino que lleva a la perdición, porque
es un camino ancho. ¡Y mucha gente va por ese camino! Pero es muy difícil andar
por el camino que lleva a la vida, porque es un camino muy angosto. Por eso,
son muy pocos los que lo encuentran.
Si te encuentras en alguna circunstancia
de tu vida, ponte en manos de Dios, que sea El trayendo revelación a tu vida y
traiga una solución a todo problema en tu vida. La vida en Cristo es difícil,
pero recuerda: ¡TODO LO PUEDO EN CRISTO
QUE ME FORTALECE! Él siempre tendrá cuidado en nuestro corazón, y lo mejor
de todo, nos lleva a la victoria.
¡Créelo,
porque es verdad!
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